Lo que aprendí al estudiar en el extranjero 

Es cada día más común para los estudiantes de todo el mundo cursar carreras fuera del país de origen. La facilidad de intercambio no pone límites geográficos al plan de estudios y a la posibilidad de estudiar en el extranjero. En 2017, en Europa, 1,7 millones de estudiantes procedían del extranjero, tanto de otros países de la UE como de fuera de Europa. Los números difieren entre países miembros: los más altos eran de Luxemburgo (47%), Chipre (23%) y Austria (17%), mientras que los más bajos se registraron en Grecia, España y Croacia (los tres en torno a un 3%).

Además de cursar una carrera entera en el extranjero, hay diferentes programas que facilitan intercambios cortos, el más famoso es el Erasmus+, que en 2017 movilizó a más de 190.000 estudiantes.

Programa Erasmus

Mis estudios universitarios empezaron en la ciudad más cercana a mi pueblo de origen, Milán. Con todas las ganas de querer viajar, cursé 8 meses en España gracias al programa europeo Erasmus+. Durante este periodo algo en mi cabeza cambió, ya no tenía frenos ni barreras, solo motivación por conocer más. Al acabar el grado, me apunté al European Master de la Universidad de Wageningen en Holanda. Gracias a este programa, estudié en 4 universidades europeas (Cork, Irlanda; París, Francia; Lund, Suecia; y, por supuesto, Wageningen, Holanda). Las múltiples experiencias personales hicieron crecer mi bagaje cultural, formándome profesionalmente. El aprendizaje del inglés fue el primer paso para este cambio mental. Empecé a ver el mundo con ojos distintos, y eso nunca hubiera sido posible, si me hubiese quedado en mi pueblo, al lado de Milán.

7 cosas que aprendí al estudiar en el extranjero:

1. Adaptarse a horarios y clima locales

Cuando vives un periodo fuera de tu país de origen, acabas adaptándote a la cultura local. Este proceso puede tardar un poco más o un poco menos dependiendo del carácter de cada uno, pero es imprescindible. Cuando una población entera actúa y vive de una manera, aunque esa sea diferente a tus orígenes, poco a poco te acostumbras. Diferentes horarios de comidas o de actividades sociales no te parecerán tan raros y verás como siempre encuentras puntos positivos en vivir lo diferente. El clima… pues esto depende mucho, ¡puede costar un poco más adaptarse dependiendo del destino!  

2. Aprender metodologías de estudios diferentes

Estudiar en el extranjero no es solamente vivir en el extranjero. Es también, y sobre todo, estudiar los temas y hacer exámenes. Esto puede que sea muy diferente a lo que te has enfrentado durante toda tu vida. Efectivamente, aprobar exámenes tiene su técnica. La metodología de estudio puede afectar mucho al resultado final. Aprender metodologías académicas locales te facilitará aprobar los exámenes, ya que conocerás el enfoque que hay que dar a los diferentes temas. 

3. Comer de todo un poco

Entre los eventos caseros más comunes (recuerda, eres estudiante, no tienes dinero para el restaurante), están las cenas “potluck”. En estas cenas, cada invitado contribuye llevando un plato que comparte con los demás poniendo la mesa en modo buffet. ¡Ya puedes imaginar con cuántos platos distintos puedes encontrarte en una sola noche! Lo mejor es ir preguntando las recetas a los chefs de los platos que más te gusten, ¡acabarás tu experiencia en el extranjero con las recetas más típicas y originales del mundo!

4. Enterarse de qué opinan los extranjeros de tu propio país

Los clichés existen: los italianos gesticulan, los nórdicos son fríos y los franceses son un poco esnob. ¿Y los españoles? Haciéndote amigo de personas de todo el mundo, podréis hablar de manera natural y sin filtros de qué opináis recíprocamente de vuestros países de origen. ¡De vez en cuando salen cosas divertidas e inesperadas en cuanto a cliché de tu país o región!

5. Volverse un poco más “hijo del mundo”

Experimentar cosas nuevas, conocer culturas distintas, enfrentarse a mentalidades diferentes: esto es viajar. Todo esto y más te harán abrir la mente y crecer tanto personal como profesionalmente. De manera natural, te sentirás un poco más cerca del “mundo” y no solamente de tu país. Tocar con la mano y vivir en primera persona la mezcla cultural de una experiencia como estudiar en el extranjero, te quita los límites de la cabeza. Las barreras geográficas ya no serán nada más que conceptos y el futuro estará mucho más lleno de oportunidades con mejores resultados.

6. Pensar y soñar en otros idiomas

Vivir constantemente sumergido en una cultura que no es la tuya y hablando un idioma que no es el tuyo, lleva automáticamente a tu cerebro a trabajar en consecuencia. Te encontrarás pensando y reflexionando en ese idioma, ya que pasaste todo el día rodeado de ese mismo lenguaje. Hasta, en casos de tranquilidad psicológica y de familiaridad con el idioma, ¡podrás soñar sin utilizar tu idioma nativo! Este proceso es totalmente natural y muy positivo, ya que significa que el proceso de asimilación del idioma se está desarrollando de la mejor manera posible.

7. Vivir, vivir, vivir

Pasar un periodo lejos de tu país de origen, te da la oportunidad de ver ciudades, paisajes y eventos culturales, que jamás habías podido hacer antes. Te vas acostumbrando a hacer miles de planes para poder sacar lo máximo de tu experiencia. Cuanto más haces, más quieres hacer, y este círculo se alimenta de lo bueno que todas las experiencias te aportan. Así que… ¡a vivir!

Con lo que aprendí estudiando en el extranjero, puedo afirmar que cursar estudios en el extranjero tiene muchísimas ventajas y representa una experiencia única e inimitable. Para muchos, se vuelve la mejor época de su vida, ya que te llena de experiencias y actividades inolvidables. Aprovecha todas las posibilidades que tengas para poder llevar a cabo una experiencia como esa, no te arrepentirás.

Stay Cool 🙂

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